Leonardo Padura abre el Salón Literario Carlos Fuentes en FIL Guadalajara virtual

El cubano famoso por sus novelas policíacas, habló de la diferencia entre escribir historia y la novela histórica

Leonardo Padura abre el Salón Literario Carlos Fuentes en FIL Guadalajara virtual
Leonardo Padura. Foto: Especial

El novelista cubano Leonardo Padura encargado de la apertura del Salón Literario Carlos Fuentes, en el marco de la FIL Guadalajara virtual, reconoció que al escribir sobre la vida del poeta José María Heredia (considerado el iniciador del romanticismo en Latinoamérica), muerto en México, logró reflejarse él mismo y comprendió que la historia es relativa y la novela histórica es subjetiva.

“La vida histórica de José María Heredia vista desde la perspectiva de su permanencia en el tiempo, me abrió la puerta hacia un mejor entendimiento de una realidad pasada, que en cierta esencia resultaba que también era la mía. Leía su historia, escudriñaba en ella y podía mirarme en un espejo y ver sobre mi reflejo el áurea imborrable que soñó con tener una patria y sin llegar a tenerla ni real, ni políticamente, tuvo la capacidad de fundarla por sus acciones, sus ideas, sus versos y su predilección por el quimbombó”.

El resultado fue un texto que se mueve entre épocas porque una sola no bastaba para entender el pensamiento del cubano. ¿Es una novela, un ensayo, un libro de historia o un reflejo?, se cuestiona el escritor.

“Su novela era la de muchos cubanos, era también mi novela. La historia desde esa perspectiva se convirtió en algo más que contexto, escenario y condición de una serie de peripecias reflejadas con la mayor cercanía posible a lo documentalmente probado, pues me guiaba una intención muy diferente a la que hubiera asumido un historiador. Yo entraba en la historia para entender la rudeza íntima de un país, las claves de una pertenencia singular, incluso iba a la historia para entenderme a mí mismo”.

Padura se sumergió en la cultura cubana y en ocasiones en la cultura mexicana; esos impactos diversos, incluso de poderes extranjeros que les han sometido finalmente les convirtieron en esos cubanos que ellos mismos decidieron ser.

“Los cubanos decidimos ser cubanos y luego convertirnos en cubanos. Fui a la historia y escribí una novela. Mientras trabaja en mi libro no lo pensé, pero sí sabía: revelar desde un ángulo íntimo, dramático, subjetivo, la existencia viva de un gran proceso manifestado en y a través de la historia, de un modo visceral a veces inapreciado por la ciencia misma de la historia. La historia puede ser leída desde las más diversas perspectivas, las inclinaciones políticas, las tendencias filosóficas y las posibilidades de acceso a la información tienen a entregarnos percepciones diferentes de una misma historia, de un proceso y un acontecimiento puntual”.

La objetividad de una ciencia social basada en documentos es una falacia, una subjetividad y que puede ser tergiversada por intereses mezquinos. ¿La verdad siempre está documentada, el documento histórico es siempre la verdad?, siguió auto-cuestionándose.

“Estos tiempos de 'fake news' descarados y esa verdad ¿es posible? Termino por preguntarme, ¿cuánto sufre al ser recogida, resumida y procesada por el historiador? El asunto entre la verdad histórica y verdad historiada es uno de los más complejos a los que podamos asomarnos los interesados en el tema.

Por suerte, para el novelista que trabaja con la historia, la cuestión es mucho más simple, aunque no menos profunda en su dimensión ética. El novelista lee la historia, la esquilma y a través de recursos dramáticos y narrativos la pone en movimiento gracias a personajes que incluso pueden no ser reales. La verdad es siempre relativa. La subjetividad el escritor está presente en todo el proceso llamado novela histórica”.

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