La herencia de Álvaro Obregón

Álvaro Obregón fue sin duda uno de los militares más brillantes de la Revolución: arrojado, valiente y carismático; con una clara inteligencia y una memoria fotográfica que ya es legendaria

La herencia de Álvaro Obregón
Alfredo Ríos Camarena/ Columna Invitada/ Opinión El Heraldo de México

Álvaro Obregón fue sin duda uno de los militares más brillantes de la Revolución: arrojado, valiente y carismático; con una clara inteligencia y una memoria fotográfica que ya es legendaria; radical en sus principios, particularmente a favor de la insipiente clase obrera; con enormes cualidades como político y, también, con una desmedida ambición por el poder, que le hizo vislumbrar  –desde su lejana Sonora— la silla presidencial.

Toma posesión como Presidente de la República el 30 de noviembre de 1920: había triunfado el Plan de Agua Prieta; el país vestía de luto por el asesinato de Venustiano Carranza y, Adolfo de la Huerta –con gran capacidad— cubrió el interinato.

Obregón encuentra un país conmocionado; su primera preocupación es integrar el Ejército Federal bajo un sólo mando, pues éste se encontraba disperso entre diferentes facciones; en ese tiempo empezó a materializarse el acuerdo meta-constitucional que permitió que el Ejercito se convirtiera en el eje de la gobernabilidad, garante del sistema democrático, respetuoso y leal de las instituciones civiles. Esta acción unificadora del Ejército Mexicano es uno de los tres principales legados de su vida.

El segundo problema que enfrentó fue la relación con los Estados Unidos, que no reconoció su gobierno hasta tres años después, presionando al Presidente Obregón a través de los llamados Tratados de Bucareli que nunca llegaron a tener plena validez constitucional ni jurídica, aun cuando si influyeron en decisiones emanadas de las negociaciones de esas arduas y difíciles conversaciones; finalmente, logró estabilizar la relación en el ámbito internacional.

Concluido su mandato logró que Plutarco Elías Calles accediera a la primera magistratura y pudo maniobrar para que el Congreso reformara el artículo 83 de la Constitución para que él pudiera volver a la presidencia de la República mediante la relección; ganó las elecciones pero fue asesinado, por las balas de un fanático religiosos, León Toral, aunque quedó en las sombras quien impulsó a este homicida que fue condenado a muerte. –¿Quién mató a Obregón? “Cállese y Pórtese bien”—

Este legado de Álvaro Obregón lo podemos trasladar a las horas actuales, para abrevar de nuestra propia historia la solución a problemas que siguen siendo de gran trascendencia.

En efecto, Obregón pagó con su vida al trastocar el paradigma constitucional de la “No Reelección”. La tentación del poder ha estado en el pensamiento de algunos Presidentes que olvidan que la esencia de la democracia mexicana se encuentra en este precepto constitucional. Hoy por hoy, al parecer no existe esa amenaza, pues el Presidente López Obrador ha sido muy claro, una y otra vez ha señalado que no intentará buscar la reelección.

La relación con los Estados Unidos requiere una revisión, sobre todo, después de la acción indignante de la DEA que, sin aviso previo, aprehendió y consignó al ex secretario de la Defensa Nacional, general Salvador Cienfuegos. Más allá de su culpabilidad o inocencia, el acto de desconfianza del gobierno norteamericano debe ponderarse, pues, todo el combate al narcotráfico –en los últimos años— se ha sustentado en la colaboración de ambas naciones. En el caso que nos ocupa, el Tribunal de Brooklyn realiza actos de extraterritorialidad, pues en casi todos los ilícitos de los que está acusando al general, son realizados en territorio mexicano y deberían ser, en su caso, juzgados por tribunales mexicanos; el juez norteamericano no tiene competencia, ni jurisdicción.

Como quiera que sea, este acto afecta la estructura de una institución, que en la práctica se maneja trans-sexenalmente, lo que forma parte de esa política meta-constitucional.

El gobierno mexicano debe reconsiderar en materia de inteligencia las relaciones con su aliado del norte. En cuanto al Ejército Mexicano, al que se le han otorgado amplias atribuciones de política pública, habrá que reflexionar sobre su estructura y fines; es por eso que la decisión del Presidente López Obrador de ser el único vocero en el caso del general Cienfuegos, es correcta, pues, a partir de ahí podrá reconstruir y mejorar el desempeño de nuestras Fuerzas Armadas.

Este legado de Álvaro Obregón es importante para enfrentar el futuro con inteligencia y patriotismo.

 

Por Alfredo Ríos Camarena
Catedrático de la Facultad de Derecho de la UNAM


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